La etología equina y otras disciplinas científicas que examinan el comportamiento. Lucy Rees

Hay mucha confusión en el mundo ecuestre, y sobre todo en el mundo de la doma natural, sobre el significado de ciertas palabras y acercamientos al estudio de las varias facetas del comportamiento. Por eso, espero aclarar algunas cositas….

La palabra etología viene del griego: ethos, los principios y morales que regulan el comportamiento, logos razón, lógica, entonces ciencia o estudio.

El comportamiento animal se dirige a conseguir la sobre vivencia del animal y la transmisión de su genética a la próxima generación. La selección natural asegura que el animal salvaje en su entorno natural se comporta con esta lógica. No quiere decir que está consciente de ella cuando actúa. A menudo es simplemente programado así, el efecto de su genética, que dictamina que actúa como sus progenitores. En un entorno antinatural o doméstico sigue su programación genética, comportándose de misma forma aunque puede tener resultados nefastas o fatales.

Entonces la etología estudia el animal salvaje en su entorno natural para entender la lógica de su conducta. Paradójica-mente  estos estudios nos han llevado a entender el comportamiento a veces aparentemente poco lógico de los animales domésticos.

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Como estudio académico, la etología se arrancó en los 1950s con Niko Tinbergen y Konrad Lorenz, quienes estudiaron sobre todo los instintos, los comportamientos innatos o hereditarios seleccionados durante la evolución del animal para adaptarle a su nicho ecológico. A menudo son como conexiones cerebrales ya hechas, o respuestas provocadas por los cambios hormonales que acompañan las estaciones del año, la edad del animal, o las feromonas. Al percibir el estímulo adecuado, el animal reacciona de forma relativamente fija.

Las conexiones adquiridas por el aprendizaje, que son individuales y no hereditarias, se estudió en otra ciencia, la psicología animal experimental.

El instinto y el aprendizaje.    Aunque Lorenz en particular destacó una distinción rígida entre estas dos formas de conexión entre estímulo y respuesta, hoy día vemos que los comportamientos innatos suelen necesitar los estímulos y experiencia dados por el entorno natural para desarrollarse correctamente. En particular, el comportamiento social normal depende de la creación del animal dentro de un entorno social de forma natural.

Además, el aprendizaje tiene una base hereditaria en que los animales aprenden ciertas reacciones con tanta facilidad que aparecen instintivas, y otras sólo con dificultad. Un ejemplo equino es el respeto para el espacio individual de otro. Todos los caballos criados en una manada natural lo aprenden de los demás, de forma que nos parece inevitable y normal. Sin embargo los criados aislados en cuadra a menudo carecen este respeto. Si les enseñamos de manera adecuada, lo aprenden tan rápido que parece que ya tienen un espacio mental diseñado para recibir esta aprendizaje. El paso español les cuesta mucho más.

Estamos familiarizados en el mundo equino con los conceptos de genotipo y fenotipo, sabiendo que un semental pequeño puede ser genéticamente pequeño o genéticamente grande pero mal alimentado durante su crecimiento. Sus hijos reciben su genética, no su experiencia nutricional. De misma forma, podemos tener un caballo con comportamiento anormal que transmite esta característica a sus hijos, o puede ser que no, que sus dificultades deriven de su mal manejo y creación. No lo tenemos tan claro en el asunto del comportamiento como en lo físico, cómo el componente genética interacciona con el entorno.

Tinbergen analizó las causas del comportamiento de manera que se ha comprobado todavía válida. Primero, hay la selección natural: los animales que se comportan así sobreviven mejor que los que no. Según Aristóteles estas se llaman causas finales.

Lo que impulsa al animal a actuar en un momento dado normalmente no es una causa final sino una causa próxima o motivación. No bebemos porque estamos concientes del peligro de morirnos, sino porque tenemos sed.

Este impulso o motivación para actuar cambia según el estado fisiológico del animal, su edad etc. La etología estudia cómo, cuando y porque actúa, la búsqueda del estímulo adecuado (comportamiento apetitivo), la manera en que la alta motivación puede llevar un animal a aceptar un estímulo inadecuado, la manera de completar o consumir el comportamiento, la expresión de frustración…en fin, cómo las causas finales y próximas dirigen el comportamiento. Un animal puede encontrarse impulsado hacia dos acciones incompatibles a la vez, dando lugar al conflicto, expresado de forma típica del especie.

La motivación. Los primeros intentos a formar una teoría completa de la motivación fueron prematuros: no había la base de datos fisiológicos y neuroanatomicos que tenemos ahora. Pues, estos intentos fracasaron, con grandes discusiones que tenían dos efectos.

El conductivismo. Hartos de las discusiones, algunos, sobre todo el gran Skinner, decidieron ignorar las cuestiones de motivación u estados internos. “El cerebro es una caja negra que no se puede abrir” declararon, y se dedicaron a examinar cómo se forma una respuesta a un estímulo, los efectos del refuerzo y el castigo, la formación del hábito de responder, cuanto y como reforzar, etc. Entonces el conductivismo formó gran parte de la psicología animal experimental y la teoría del aprendizaje. La mayoría del trabajo fue en laboratorio y los investigadores ignoraron el comportamiento innato o lo del animal en su vida real.

Es precisamente esto tipo de simplificación que a veces clarifica una situación compleja, dejándonos ver como dos factores se influyen: en este caso, como conectar estímulo y respuesta efectivamente. Los resultados de Skinner han tenido gran influencia sobre el entrenamiento de las ratas, los perros, los delfines y muchos otros animales; han influido también nuestras ideas sobre la psicología humana. Sólo los domadores de caballos no han prestado mucha atención.

Sus hallazgos confirmaron por completo la inutilidad del castigo como manera de enseñar. El castigo está capaz de suprimir una respuesta durante una temporada aunque nunca de eliminarla por completo. No es capaz de enseñar la respuesta correcta. Es algo que los domadores y jinetes todavía tienen que asimilar. Otro fallo típico es la falta de apreciación del poder del refuerzo, sea positivo o negativo, y su aplicación correcto.

El segundo efecto de las discusiones fue el análisis detallado de motivaciones  específicas – el hambre fue el primero – que nos ayudaron a aclarar las formas distintas de motivación sin ponerlas todas en la misma caja teórica.  Estos estudios mostraron el efecto de retroalimentación negativa que tiene la consumación sobre la motivación: el acto de beber apaga el sed. Nos aclararon las bases del estrés del comportamiento, concepto clave en la conducta de los animales domésticos, que se derive de la falta de los estímulos naturales que disparan los actos de consumación.

Por medio del conductivismo se puede enseñar a un animal actuar contra su propio motivación innata, pero no cambia la motivación. Un semental que ha aprendido a respetar el pastor eléctrica no la pasará incluso cuando hay una yegua con celo al otro lado, pero no cambia sus ganas….

El antropomorfismo, la idea que los animales se comportan por los mismos motivos como nosotros, es nuestra manera instintiva pero erróneo de tratar con ellos. Nos lleva a ideas absurdos como atribuirles la conciencia de culpabilidad o la capacidad de mentir.  Desde Descartes el acercamiento científico ha sido lo de declarar que los animales son autómatas sin alma o sentimiento. Es otra simplificación que nos ha ayudado a examinar los mecanismos del comportamiento; a la vez ha llevado a mucho abuso en el laboratorio.

Hoy día la neurociencia nos demuestra que los mamíferos como el perro, el caballo y los primates sí tienen emociones igual de fuertes como las nuestras, aunque les falta la conciencia del “yo” que complica tanto nuestras emociones. Les falta también la capacidad de racionalizar sobre sus emociones, cosa que es difícil incluso para nosotros. Cada animal responde a sus estados emocionales según sus tácticas de sobrevivir en su entorno natural: es decir que sí, estas respuestas son bastante automáticas. No quiere decir que el animal experiencia el miedo, la alegría o la ausencia de su cría o compañero hermanado de forma distinta que nosotros: la crueldad hacia ellos es igual que la crueldad hacia los niños pequeños, que tampoco son capaces de racionalizar o contemplar sus experiencias.

El estudio de las emociones y como funcionan está todavía desarrollándose. Se base mucho en los paralelismos que se ve entre el cerebro humano y lo del animal, sobre todo en los centros emocionales, y los entre las reacciones fisiológicos. Aclara los limitaciones del conductivismo, que ignora el efecto del estado emocional sobre el aprendizaje, la motivación o el bienestar del animal.

La ciencia cognitiva, en contraste, se desarrolló más tarde que la etología o el conductivismo, impulsado por las investigaciones sobre la inteligencia artificial. Considera los mecanismos del pensamiento mismo: cómo las sensaciones crudas se analizan para llegar a percepciones, cómo se forma conceptos, cómo se hacen decisiones utilizando estos conceptos.

Está claro que tenemos mucha más habilidad para formar conceptos que los animales. Esta parte de nuestro cerebro es enorme comparado con las suyas, mientras la parte que trata con las emociones es igual en el hombre y el caballo. No quiere decir que no están capaces de formar conceptos sencillos, pero otra vez tenemos que tener cuidado con la trampa del antropomorfismo, el pensar que un caballo entiende y piensa como nosotros. Sin embargo, notamos que un caballo de trabajo, por ejemplo uno de ganado, trata diariamente con unas situaciones tan variadas que está claro que entiende su trabajo, no sólo que responde mecánicamente a las ayudas. El caballo de doma vaquera de pista (o un perro pastor de competición) está bastante perdido con el ganado en el monte, mientras uno de vacas de verdad está actuando antes que le demos las ayudas – y es capaz de “desobedecer” a veces cuando percibe algo que nosotros no. Se da cuenta también que su doma es distinta. El caballo de trabajo tiene unas clases básicas, y le ponemos a trabajar para que aprenda el resto sobre la marcha, no gastamos tiempo repitiendo ejercicios en la pista. El caballo de polo o horseball es igual.

Es típico de los domadores western de estilo “natural”, que aprecian y utilizan la habilidad del caballo de formar conceptos: los tan importantes hermanos Dorrance y Ray Hunt fueron vaqueros, su forma de pensar estaba condicionada por la necesidad de usar el caballo diariamente en el trabajo. Los domadores de pista y de competición usan poco el aprendizaje de conceptos: de hecho, no les gusta nada que el caballo “piense por delante” de ellos. Puede ser porque estas domas salen más de lo militar donde, como dice nuestro poeta Tennyson, “ lo suyo no fue racionalizar el porqué, lo suyo fue hacer y morir.”

La etología y la doma natural Hoy día la palabra natural se ha puesto algo de moda en el mundo ecuestre, un mundo donde la mala aplicación de palabras es bastante normal. Oímos, por ejemplo, en la doma clásica los elogios de la elegancia, la des-contracción y la ligereza mientras vemos jinetes con sus caras contorsionadas por tensión tirando de las riendas.

Pues, ¿qué quiere decir “ doma natural”? De cierta forma es una contradicción puesto que no es natural domar un caballo para que lleve una persona en su dorso. Quizás es por esta contradicción inherente que han aparecido formas tan distintas llamadas naturaletológicaracionalindia, acabando con la gente confusa.

Algunas usan las leyes naturales del aprendizaje definidos por el conductivismo, por medio del refuerzo negativo: la aplicación y cesión de las presiones corporales. Lo que confunde a la gente es que hoy día estos ejercicios están promocionados en el Internet por el término etología equina, con la cual tienen nada que ver. Los caballos no se manipulan unos a otros por medio de presiones corporales, y el conductivismo es la otra cara de la moneda de la etología.

La doma racional empieza por tumbar el caballo al suelo, inundándole con las hormonas de “shock”, que le rinden pasivo. Correctamente no reclama ser natural, aunque otras formas que se llaman naturales emplean la misma técnica. La doma india argentina se basa en la insensibilización radical, algo forzada, del caballo; tampoco se llama natural.

Otras emplean entendimientos más basados en la etología, es decir, buscando utilizar los instintos del caballo: lo del potro de buscar compañía y seguirlo. Desafortunadamente, estos entendimientos a menudo están contaminados por el antropomorfismo. La observación nos demuestra que el caballo no tiene gestos de sumisión, ni se acerca, hacia un animal con actitud dominante: esto le llevaría a la muerte pronta en su entorno natural. Es comportamiento chimpancé o humano, no equino.

La mía “doma natural” se basa en la etología equina, apoyada donde sea necesario por la teoría de aprendizaje y la neurociencia. Por eso, he pasado no sé cuántos cientos o miles de horas estudiando los caballos salvajes, viendo que en su sociedad faltan jefes y competiciones por el poder. La supervivencia es lo que les manda. Buscan la compañía y el apoyo de otros, con los cuales se sincronizan sus movimientos y sobre todo cuando se sienten inseguros. Cuando entramos en esta dinámica con ellos, están a gusto siguiendo los movimientos de nuestros cuerpos cuando les montamos.

La importancia de la observación. Lo que marca nuestra vida moderna es falta de contacto con la naturaleza y falta de observación de ella. Nos lanzamos a la práctica con ideas que a menudo no corresponden a los hechos observables por nuestros propios ojos, complicándonos la vida bastante. La ciencia siempre empieza por la observación de datos. Cuando hay bastantes datos para ver pautas, se forma una hipótesis sobre lo que está pasando, que se prueba contra sus expectativas en situaciones experimentales o diferentes hasta ver si es verdad o no. Un poco más ciencia y menos creencia a ciegas ayudaría a nuestras relaciones con nuestros caballos.

Incluso si no tenemos el tiempo de estudiar la etología en profundidad, todos tenemos el tiempo para intentar limpiar la cabeza del antropomorfismo y las ideas implantadas por otros, y usar nuestros ojos. Me sorprende, por ejemplo, que la idea mencionada arriba, que el caballo señala su sumisión frente a la dominancia por bajar su cabeza y acercarse, ha recibido tanta aceptación. No es difícil observar los caballos domésticos competiendo por la comida (cosa que nunca pasa en la naturaleza) y verificar que no pueden apagar la agresión por un gesto de sumisión: ellos se alejan, o sufren daño.

No me creas, por favor. Vete a ver, y no sólo una vez (que puede ser casualidad), ni dos (hay doble casualidades también), sino hasta cincuenta veces, haciendo una lista de lo que pasó cada vez.  Incluso si no llegas a contemplar el significado profundo de lo que has visto, habrás hecho el primer pequeño paso para estudiar la etología equina.

Lucy Rees

Mas info sobre Lucy en su pagina:

Publicado con permiso de la autora.

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