Entendiendo a los caballos

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Es necesario un conocimiento básico sobre el comportamiento de caballos si vamos a proporcionarles un entorno doméstico seguro y saludable, en nuestra compañía. Los caballos han sido domesticados en todo el mundo durante muchos siglos, y existe gran cantidad de información fácilmente disponible sobre diferentes prácticas o procedimientos recomendados para obtener algún objetivo previsto.

A pesar de miles de años de domesticación y el resultante “especialización” de los caballos para trabajo u ocio a través de la cría artificial, los caballos siguen conservado sus características de comportamiento naturales y programas evolutivos.

No es de extrañar que surjan conflictos entre nuestros esquemas de mantenimiento o formación y los programas naturales para estos grandes herbívoros sociales no rumiantes, con demasiada frecuencia estabulados, aislados y alimentados con una dieta inadecuada basada en concentrados.

Además su manejo y entrenamiento son con frecuencia a través de tácticas coercitivas y restrictivas que se basan por lo general en unas nociones de dominación que sólo tienden a empeorar las cosas, con estrés o depresión como resultado final.

Caballos resienten demostraciones de autoridad. Ellos han evolucionado para reconocer rango sólo en las disputas por recursos como el alimento y el agua. Por lo general evitan situaciones aversivas o desagradables y son muy cuidadosos de los depredadores-su mayor temor es ser atrapado por otro ser. (McGreevy, 1996)

Joel Berger (1986), en una de las obras etológicas más completas sobre caballos salvajes, señaló que durante su estudio 6 años, los sementales solían ser agresivos con otros machos, pero la dominancia era discernible en menos del 5% de todas las interacciones y que más del 98% del su tiempo anual (yearly time-budget) se emplean en actividades no agresivas. Además, sus estudios concluyeron que la “dominancia intrabanda (o intragrupo) parecía ser de poca importancia para las yeguas.

Últimamente se ha hablado mucho sobre la importancia de la aplicación de conocimientos sobre comportamiento equino en su mantenimiento y doma, sin embargo las instalaciones (ambientes artificiales) todavía no están diseñados en consonancia con las necesidades evolutivas de los caballos, ni tampoco las técnicas de entrenamiento aseguran generalmente el bienestar del caballo en cuestión.

Es de lógica común y un hecho científico que para no solo garantizar el bienestar de los caballos, pero inculcar condiciones para su bienestar individual, habría que permitir que los caballos vivan en la mayor medida posible en nichos para las cuales habían evolucionado y que faciliten su adaptación a las muchas restricciones impuestas por la domesticación.

Tradiciones ecuestres que tienen su base en el establecimiento de una relación de cooperación con el caballo, parecen aproximarse más a las relaciones sociales que se ven en una sociedad equina viviendo sin las ataduras domésticas. (Goodwin, 1999)

Hoy en día encontramos caballos salvajes/asilvestrados en hábitats muy diferentes de todo el mundo. Los caballos se han adaptado a la vida en islas, desiertos, montañas y en las llanuras. A pesar de estas adaptaciones y las impuestas por la domesticación, debemos seguir considerando que han evolucionado, y son caballos.

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